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¿Por qué ha tardado tanto en implementarse la genoterapia para la hemofilia?

Descubra por qué las dudas sobre la eficacia a largo plazo, los problemas con los seguros médicos y la competencia con tratamientos más novedosos han frenado el impulso de esta terapia revolucionaria.
Author: Por Donna Behen

En 2022, cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) aprobó la primera genoterapia para la hemofilia, muchos miembros de la comunidad con trastornos hemorrágicos la celebraron como un avance histórico: un posible tratamiento de “dosis única” que podría eliminar la necesidad de recibir infusiones profilácticas regulares de factores de coagulación.

Cuatro años después, la implementación de esta terapia revolucionaria ha sido mucho más lenta y precavida de lo que se esperaba. De hecho, debido a la escasa demanda, entre otros problemas, los fabricantes de dos de las genoterapias aprobadas por la FDA para la hemofilia, Beqvez para la hemofilia B y Roctavian para la hemofilia A, retiraron esos productos del mercado.

Solo permanece Hemgenix para la hemofilia B (aunque el fabricante anunció en marzo de 2026 (recurso en inglés) que estaría temporalmente fuera del mercado debido a un problema de suministro relacionado con la complejidad de la fabricación de la genoterapia).

¿Por qué la genoterapia no tuvo el éxito que se esperaba? Los expertos señalan que existen varias razones:

  • Preocupación por la pérdida de eficacia a lo largo del tiempo en la genoterapia para la hemofilia A
  • Costos iniciales sumamente elevados (más de 3.5 millones de dólares por dosis), así como denegaciones de cobertura por parte de los seguros médicos y trámites burocráticos
  • Mayor competencia debido a la aparición de nuevos tratamientos con factores y sin

Estas razones están llevando a muchas personas con hemofilia A (que es entre tres y cuatro veces más frecuente que la hemofilia B) a optar por esperar y ver cómo evoluciona la situación. Les preocupa cambiar una rutina conocida que funciona bien por otra costosa cuya durabilidad a largo plazo aún es incierta.

Los expertos afirman que esa desconfianza no es exclusiva de la genoterapia. “Creo que nuestra comunidad es un poco reacia a adoptar cualquier tipo de terapia nueva si no cuenta con una gran cantidad de investigación y no ha pasado tanto tiempo”, señala Brendan Hayes, directora sénior de educación y terapias innovadoras de la Fundación Nacional de Trastornos Hemorrágicos (National Bleeding Disorders Foundation, NBDF). 

Mark Reding, M.D., hematólogo y director del M Health Fairview Center for Bleeding and Clotting Disorders (Centro M Health Fairview para los trastornos hemorrágicos y de coagulación) (recurso en inglés) de la Universidad de Minnesota en Minneapolis, está de acuerdo. “Ninguna nueva terapia para la hemofilia tuvo un éxito rotundo de la noche a la mañana”, afirma. “El aumento siempre fue lento para todas ellas, y creo que seguirá siendo así”.

Cómo actúa la genoterapia para la hemofilia: la promesa frente a la realidad

La genoterapia para la hemofilia consiste en proporcionar al organismo una copia funcional del gen ausente o defectuoso (el factor VIII en la hemofilia A o el factor IX en la hemofilia B), de modo que el hígado pueda empezar a producir por sí mismo una mayor cantidad de ese factor de coagulación.

El gen sano se introduce en un vector, que puede entenderse como un pequeño vehículo de transporte. Los tratamientos actuales utilizan un vector VAA (virus adenoasociado): un virus inofensivo modificado para transportar el gen al interior de las células hepáticas y que se administra mediante una infusión intravenosa. El objetivo es llevar suficientes copias funcionales del gen al hígado como para reducir significativamente, o incluso eliminar, la necesidad de tratamientos preventivos regulares.

Si bien los resultados de la genoterapia para la hemofilia B han sido alentadores, no puede decirse lo mismo para la hemofilia A. En un seminario web de la NBDF en abril de 2026 (recurso en inglés), Benjamin J. Samelson-Jones, M.D., Ph.D., subdirector de genoterapia clínica in vivo en el Children’s Hospital of Philadelphia (Hospital de Niños de Filadelfia), explicó las diferencias en los resultados de la genoterapia para ambos tipos de hemofilia, A y B.

En el caso de la hemofilia B, los niveles del factor IX tras la genoterapia suelen mantenerse estables durante muchos años. En cambio, en la hemofilia A, los niveles de factor VIII “están atrapados en un nudo gordiano: o son altos pero disminuyen con el tiempo, o bajos pero estables”, explicó Samelson-Jones en el seminario web. En cualquier caso, no se logra la protección sostenida a largo plazo que se esperaba.

En una entrevista, Samelson-Jones señaló una diferencia clave entre ambas genoterapias: “Los productos que tenemos ahora para la hemofilia B probablemente sean de segunda o tercera generación”, afirma. “Lo que tenemos para la hemofilia A es, en realidad, la primera generación, por lo que no es de extrañar que los resultados generales de un producto de primera generación no estén a la altura”.

El aspecto económico de la genoterapia

El altísimo costo de la genoterapia añade otra capa de complejidad, señalan los expertos.

Como señala Nathan Schaefer, vicepresidente sénior de políticas públicas y acceso de la NBDF, la verdadera carga no recae tanto en los pacientes, sino en el sistema de seguros médicos, que es el que decide quién puede acceder a la terapia. “El precio es elevado, pero el paciente no tiene que pagar millones de dólares de su bolsillo”, aclara.

La presión recae en las compañías de seguros, que deben justificar la cobertura de un tratamiento único tan costoso para personas que quizá no mantengan su póliza durante mucho tiempo. “Hay datos que demuestran sin lugar a dudas que la genoterapia para la hemofilia B es rentable después de unos años”, afirma Schaefer. “El reto para las entidades pagadoras es determinar si ese paciente va a seguir afiliado a su plan durante todo el tiempo que dure la eficacia del tratamiento”.

Según Schaefer, la NBDF ha observado que las compañías de seguros imponen parámetros de cobertura incoherentes y, en ocasiones, peligrosos. “Existe una gran preocupación en cuanto a los criterios que exigen las entidades pagadoras para que una persona sea elegible para la genoterapia, algunos de los cuales pondrían en riesgo la vida de los pacientes”, comenta. “Hemos visto planes que exigen que se demuestren 12 episodios de sangrado en un año. Ningún hematólogo aceptaría jamás dejar que su paciente sangre tanto solo para que pueda calificar para la genoterapia”.

La NBDF también se ha enterado de que existen criterios de aprobación inconsistentes según el estado de residencia o la edad del paciente, señala Schaefer. “Es posible que una aseguradora apruebe con más facilidad la genoterapia para una persona de 20 años que para alguien de 63, porque obtendría un mayor retorno de la inversión”, añade.

Para fomentar que las compañías de seguros médicos se sientan más cómodas cubriendo estas genoterapias costosas, Hayes señala que la NBDF y otros grupos especializados en políticas están explorando modelos que vinculen los pagos con los resultados del mundo real. “Estamos analizando opciones como garantías, en las que el reembolso depende del desempeño real de la terapia”, explica. Otra estrategia es el reaseguro, mediante el cual las entidades pagadoras transfieren parte del riesgo financiero a una aseguradora secundaria para limitar su responsabilidad general.

Un mercado de tratamientos para la hemofilia cada vez más competitivo

La ampliación actual del panorama terapéutico de la hemofilia es otra de las razones por las que el interés en la genoterapia no es tan sólido como se preveía, señala Reding.

“Cuando comenzó el desarrollo de la genoterapia, el punto de comparación era el factor de semivida estándar, por lo que el nivel de exigencia no era tan alto”, explica Reding. “Hoy en día, la genoterapia compite con muchas otras opciones terapéuticas”.

Por ejemplo, actualmente existen productos de factor de semivida extendida, que permiten que niveles más altos de factor permanezcan en el organismo por más tiempo, lo que reduce la frecuencia de las infusiones. También existen agentes de reequilibrio, que se administran mediante inyecciones subcutáneas en lugar de infusiones intravenosas.

“El objetivo sigue cambiando”, afirma Reding, lo que dificulta que tanto médicos como pacientes decidan si vale la pena optar por la genoterapia.

Samelson-Jones prevé que, al menos en el caso de los pacientes con hemofilia B, se producirá un aumento paulatino a medida que más personas que hayan recibido genoterapia compartan sus experiencias con los demás. 

“Más del 90 % de las personas logran resultados positivos y no necesitan ningún otro tratamiento”, afirma, “así que creo que eso animará a más personas que al principio se mostraban indecisas a decidir que están listas para dar el paso”.

El futuro de la genoterapia para la hemofilia A

En el seminario web de la NBDF, Samelson-Jones describió el año 2026 como “el final del comienzo de la genoterapia para la hemofilia”, e indicó que tanto él como otros profesionales del sector se centran ahora en solucionar algunas de las limitaciones de la primera generación de genoterapias para la hemofilia A.

El objetivo principal es lograr que la genoterapia para la hemofilia A actúe de forma similar a la terapia para la hemofilia B. Para ello, su equipo adopta lo que denomina un enfoque “Robin Hood”: tomar información genética de personas cuyos organismos producen demasiado factor de coagulación y utilizarla para ayudar a quienes no producen lo suficiente.

Una estrategia clave consiste en rediseñar el factor VIII para que actúe con mayor eficacia sin necesidad de producir tanta cantidad. Samelson-Jones señala que estas variantes del factor VIII con “ganancia de función” están “diseñadas mediante bioingeniería para mejorar la potencia de la genoterapia para la hemofilia A”.

La esperanza es que esta estrategia logre “desatar este nudo gordiano” de los niveles de factor VIII (ya sean altos pero decrecientes o bajos pero estables) y acerque la genoterapia para la hemofilia A a la meta de ofrecer una “expresión del factor segura y duradera, en un nivel suficiente para prevenir hemorragias en todas las personas que reciben la genoterapia”. 

Aunque la investigación de Samelson-Jones se encuentra aún en una fase inicial, para muchos miembros de la comunidad de trastornos hemorrágicos es una razón concreta para creer que en un futuro próximo se dispondrá de una genoterapia más segura y duradera para la hemofilia A.

“Ha habido complicaciones y dificultades”, reconoce Schaefer, “pero queremos que la gente de nuestra comunidad sepa que hay más esperanza para la genoterapia en el futuro”.